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La Falta de Escuchar

FURIA
Organizations like FURIA support community-up leadership in Puerto Rico. Courtesy of FURIA.

En Puerto Rico, vivimos en un estado de crisis constante pero se nos pide calma. ¿Cómo vamos a tener calma si sabemos lo que se avecina con los estragos de Fiona o cualquier otro desastre? Estrés pos-traumático de huracanes y terremotos, telecomunicaciones en el suelo que provocan desesperación por no poder contactar a nuestros seres queridos, falta de electricidad y agua, la interrupción de servicios esenciales que nos cuestan vidas. Y todo esto sin tener certeza de cuándo regresarán. Estamos hartos de ser resilientes; nos han obligado a serlo. Y más que frustración lo que sentimos es dolor. Estamos hartos de tener que repetirnos.

Yo apenas llevo 10 años como líder comunitaria y ya me siento así. No me imagino cómo se sienten mis compañeres que llevan más décadas que yo en esto. He perdido la cuenta de las reuniones en las que he tenido que dar el mismo argumento, hacer las mismas peticiones: sin participación real y efectiva de les líderes comunitarios en la planificación e implementación de programas de recuperación, no se van a solucionar o prevenir las situaciones que les afectan.

La pelea constante es por algo. Es porque lo que no se hace cómo se debe tiene consecuencias reales, palpables, que marcan profundamente a nuestra gente. Consecuencias reales como que al día que nos azotó Fiona había todavía gente con toldos azules desde María, había techos mal arreglados por el programa gubernamental Tu Hogar Renace, había reparaciones a medias porque el dinero no dio para arreglar bien.

Mientras, continuamos amasando miles de millones en asignaciones de fondos federales, sin procurar que lleguen a los que lo necesitan. Y no solo hablo del dinero asignado por los huracanes del 2017, sino también de los fondos asignados para atender la emergencia de los terremotos y del COVID-19. Es inaceptable que la comunidad de Ciénaga en Yauco aún viva en módulos de madera, con una líder desesperada, ansiosa, con terror de perder sus cosas con los vientos de Fiona porque a más de dos años después de los terremotos no tienen una vivienda segura. ¿Cómo permitimos esto como País?

Las organizaciones de base y sin fines de lucro llevamos años abogando por un proceso de recuperación eficiente y efectivo, que asegure la participación ciudadana y que asegure vivienda digna para nuestra gente. Una de las cosas que hemos enfatizado desde FURIA, Inc. es que se priorice la construcción de los centros resilientes, necesidad que ha sido identificada como esencial por el liderato comunitario, pero no se les ha escuchado. A pesar de que nos opusimos a ello, el programa CDBG-DR destinado a asignar fondos federales de recuperación post desastre específicamente para el desarrollo de los centros resilientes, fue eliminado. Estos fondos fueron reasignados al Programa de Revitalización de la Ciudad, lo que ha hecho aún más difícil a las organizaciones de base acceder a dichos fondos y construir sus centros. Esto en primer lugar, porque ese programa va dirigido a los municipios, y en segundo por el hecho de que los fondos son por reembolso, lo cual implica que si no se cuenta con el capital tampoco se puede hacer.

“Esta inacción, tanto a nivel estatal como federal, provoca que la comunidad Tiburones en Ponce haya sentido que Fiona fue peor que María”

Así también hay dinero para mitigar los efectos de los desastres naturales. ¿Pero dónde está el sentido de urgencia que esto amerita?

A modo de ejemplo, siempre hablamos de la importancia de dragar los cuerpos de agua para evitar inundaciones. Sin embargo, no es hasta que las lluvias torrenciales nos tocan la puerta que finalmente se considera nuevamente esta opción. Esta inacción, tanto a nivel estatal como federal, provoca que la comunidad Tiburones en Ponce haya sentido que Fiona fue peor que María, precisamente porque ya los cuerpos de agua que les rodean estaban tapados desde 2017.

En un archipiélago anualmente expuesto a tormentas y huracanes, ¿dónde están nuestras prioridades?

“Cuando hablamos de participación ciudadana nos referimos...que existan mesas de trabajo y de diálogo directo entre el estado y la sociedad”

Basta ya de malgastar el dinero en contratos onerosos y leoninos en desfavor del pueblo. Se tiene que abrir paso a la participación ciudadana real para asegurar que el dinero atienda las necesidades identificadas por la gente a través de las soluciones propuestas por elles, facilitar que las organizaciones de base accedan a los fondos, aliviar la burocracia que hace que el dinero se quede en el medio y no llegue a la gente. Hay que ser transparente en todo el quehacer gubernamental. Es imperativo que la gente, a través de su liderato comunitario, esté en la mesa trabajando y fiscalizando el proceso de recuperación.

Y no estamos hablando de las medidas que se toman por cumplir. Cuando hablamos de participación ciudadana nos referimos a que sea real y efectiva, que existan mesas de trabajo y de diálogo directo entre el estado y la sociedad civil, que se implementen mecanismos que integren el insumo recibido, que la gente que sufre y padece sea parte de la toma de decisiones sobre su propio proceso de recuperación, ello a través de la voz del liderato comunitario y de la propia comunidad a través de reuniones y asambleas.

El tener un espacio para redactar comentarios o participar de vistas públicas coordinadas por agencias gubernamentales es insuficiente, sobre todo cuando la situación actual del País confirma que muchas de las recomendaciones sometidas por la sociedad civil no han sido integradas al proceso de recuperación post desastre.

Ésta es la clave del éxito: la participación activa y directa de los puertorriqueños. Como líder comunitaria lo he visto en el ejemplo del Caño Martín Peña, donde luego de muchos años de trabajo vemos los frutos de la lucha por el dragado del cuerpo de agua. A través de asambleas y reuniones los residentes imaginaron y diseñaron su futuro como colectivo, e impulsaron esta visión hasta lograrlo. Este proceso les permite tener un rol protagónico en los asuntos que les competen, por lo que la propia comunidad generará las soluciones a los problemas y necesidades que identifican y apoyará las gestiones para atenderlas. No hay otra forma.

El País lo movemos nosotres, desde nuestras trincheras, desde nuestros espacios, desde nuestras comunidades. Insistimos en que nuestras comunidades son las que tienen las soluciones y que los servidores públicos y agencias están allí para trabajar para nosotros y con nosotros. Pero estas medidas hay que tomarlas ya, porque sigue pasando tiempo esencial, y seguimos perdiendo salud, dignidad y vidas.



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En inglés
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