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Cuando la impunidad no es eterna

Desaparecidos Rosario Pablo Flores Wikimedia
Two women who were disappeared during a campaign of horrific repression by Argentina's military juntas. Dos mujeres desaparecidas durante una era de atrocidades por la junta militar en Argentina. Pablo D. Flores/Wikimedia

Alicia Partnoy conoce personalmente los horrores del autoritarismo y las dictaduras. Partnoy fue una de las 30.000 personas desaparecidas, torturadas, violadas o asesinadas, bajo la junta militar en Argentina, entre 1976 y 1983. (El actual presidente de Argentina es uno de los que niega que el número de víctimas fue 30.000).

Durante casi una década, los militares, generalmente en autos itinerantes y sin identificación, secuestraron a personas sospechadas de ser disidentes: entre ellos estudiantes, organizadores laborales, abogados, periodistas, mujeres embarazadas, y muchos más.

La barbarie incluía oficiales militares que robaban bebés, cientos de ellos nacidos en cautiverio para luego matar a sus padres. Los asesinatos de personas secuestradas se realizaban comúnmente a través de “Vuelos de la Muerte”, donde los supuestos disidentes fueron arrojados vivos del avión a los ríos o al Atlántico. Las víctimas incluyeron algunas de las primeras fundadores de Las Madres de la Plaza de Mayo, madres que protestaron cada semana la desaparición de sus hijos e hijas, y dos monjas.

Partnoy, en ese momento una activista estudiantil de 21 años, fue secuestrada a principios de enero de 1977 frente a su hija pequeña, a quien los militares amenazaron con matar. Su esposo fue torturado y sus mejores amigos fueron asesinados. Estuvo detenida con los ojos vendados en un campo de concentración para disidentes llamado La Escuelita durante meses, luego encarcelada sin cargos durante más de dos años. Las memorias de Partnoy, escritas en su libro “La escuelita – relatos testimoniales”, se ha utilizado como evidencia de tortura, el robo de niños, y asesinatos durante los juicios contra los perpetradores.

En 1979, ella y su hija huyeron como refugiadas a los Estados Unidos. Aquí, el presidente Jimmy Carter rechazó la política de su predecesor Gerald Ford y del exsecretario de Estado Henry Kissinger, quienes respaldaron juntas militares despiadadas por toda Suramérica. Carter denunció violaciones a los derechos humanos, redujo ayuda financiera a Argentina y buscó otras vías para oponerse a la junta en ese país.

Si bien los oficiales militares en Argentina destruyeron archivos para evadir la rendición de cuentas por sus atrocidades, esto no descarrilaría la justicia para algunos. Partnoy compartió su reflexión con IDAR:

“Ella era peor, más subversiva que su esposo, no pudo ser llevada a la justicia … por falta de pruebas concretas”, exclamaba el general D. Abel Teodoro Catuzzi en su defensa. Aludía al testimonio de mis 105 días desaparecida en un campo de exterminio que él regenteaba.

Corría 1987 y los militares habían logrado controlar los juicios contra el genocidio cometido entre 1976 y 1983. Pasó el criminal unos pocos meses detenido y, favorecido por la impunidad biológica –su muerte–, eludió el juicio de 2012. Testifiqué también allí, esta vez en persona. Cubría mis espaldas protegiéndome del odio de sus cómplices en la segunda fila del auditorio, un chal, regalo de mi compañero, y la presencia de muchísimos familiares y amistades de mis cumpas de cautiverio en La Escuelita.

“En ese momento sentí que morían todos mis cumpas desaparecidas/os”
Alicia Partnoy

De mi testimonio allí recuerdo mi sorpresa al escucharme declarar que, cuando nos desaparecen atormentando a nuestra familia, aumenta nuestra tortura el que nuestra gente querida desaparezca para nosotras. Tampoco esperaba mi llanto interminable al final, abrazada a la psicóloga del equipo de contención de testigos. En ese momento sentí que morían todos mis cumpas desaparecidas/os. A esa angustia tremenda siguió la satisfacción del deber cumplido.

Para llegar a ese momento histórico que culminó con la sentencia a cárcel para los culpables, habían trabajado incansablemente Hijos/as por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S), las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo y valientes abogadas/os procurando la justicia eludida en aquellos legendarios juicios revelados en la película Argentina, 1985.

Me da fuerzas esa victoria cuando hoy en Los Ángeles, donde resido después del exilio forzado, soy testiga de la desaparición de mis vecinas/os inmigrantes bajo órdenes de un gobierno electo pero con vocación de dictadura. Con el alma estremecida por la memoria de mi tormento en 1977 recuerdo que, cuando luchamos, la impunidad no es eterna.

Introducción traducida por Juana Ponce de León.



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En inglés
This article in English: Impunity Is Not Forever, If We Fight
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