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La ascendencia de los 'nadies' en Colombia

Francia Marquez smaller wikimedia
Colombia's Vice-President Elect Francia Márquez will be sworn into office this Sunday.

En un país conservador, racista, clasista y autoproclamado religioso como Colombia, la elección de la afrodescendiente Francia Márquez a la vicepresidencia es aparentemente milagrosa. Que por primera vez en la historia de nuestra nación una colombiana negra, candidata progresista, pueda ser elegida para sus más altos cargos tiene que ser entendida no simplemente como un hito histórico, sino como un punto de inflexión que un movimiento hizo posible.

Durante seis décadas, Colombia ha estado inmersa en un conflicto armado. Los Acuerdos de Paz de abril de 2016 evidenciaron el deseo de un vasto segmento de la población de dejar atrás la violencia y aspirar a una sociedad pacífica. Sin embargo, los grandes medios de comunicación colombianos, que, como en gran parte de América Latina, están controlados por familias adineradas y se inclinan por los conservadores, han tratado de hundir los acuerdos.

De manera similar a Trump y su camarilla de seguidores autocráticos que insisten en la mentira del fraude electoral y utilizan los noticieros y plataformas sociales para avivar la discordia popular, el expresidente derechista Álvaro Uribe continúa difamando los acuerdos, ostensiblemente por indultar a los perpetradores de la violencia, miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC), y con exigencias de que no queden impunes. A pesar de los elogios internacionales por los acuerdos, por lo que el entonces presidente Juan Manuel Santos recibió el Premio Nobel de la Paz, el mensaje de los medios inflamatorios ha alimentado la violencia.

La resistencia ha respondido. Masas de colombianos agobiados durante tanto tiempo por las maniobras políticas de la élite gobernante organizaron una campaña de base exigiendo un cambio y llevaron con éxito a Márquez al nivel más alto de la estructura política. Con el formidable Gustavo Petro, exguerrillero, senador de larga data, alcalde de Bogotá y ahora presidente electo, Márquez está asumiendo una estructura política calcificada. Se inaugurarán el 7 de agosto.

“Masas de colombianos agobiados durante tanto tiempo por las maniobras políticas de la élite gobernante organizaron una campaña de base exigiendo un cambio”

En declaraciones recientes a la prensa colombiana, la vicepresidenta electa se dirigió a la sociedad conservadora y racista colombiana, diciendo: “Sé que ustedes tienen problemas para aceptar que una mujer negra, que trabajaba como doméstica, ahora estará en el palacio presidencial...Yo soy la voz de los nadies...no vivimos bien aquí en Colombia. Todos debemos aspirar a vivir sabroso”.

La urgencia de lograr un nuevo liderazgo es obvia. Los colombianos indígenas y negros se encuentran entre los más vulnerables a la violencia armada, ya que las guerrillas disidentes de las FARC, las que se negaron a deponer las armas según lo estipulado por los acuerdos, y los narcotraficantes invaden sus tierras. Desde la firma de los acuerdos de paz, 611 activistas ambientales, tanto hombres como mujeres, han sido asesinados, entre ellos 332 indígenas custodios ancestrales de la madre tierra, 75 afrodescendientes miembros de consejos comunitarios para proteger la tierra y 179 líderes rurales, según un informe de 2021 de INDEPAZ.

Esta masacre de personas que se han enfrentado tanto a los guerrilleros intransigentes como a los cárteles ha sido acompañada de injusticias económicas contra los pobres y el abuso de poder. El año pasado, jóvenes colombianos salieron a las calles para protestar no solo por una tercera ronda de impuestos que habría aumentado el costo del pan, los huevos y la leche en 30 centavos, sino también por los 30 años de impunidad de la corrupción gubernamental. “Hablé con muchos jóvenes manifestantes que dijeron que estaban en las calles porque tenían hambre, porque muchos no habían ido más allá de la escuela primaria”, relató Márquez en una entrevista con CAMBIO.

Las mujeres salieron a las calles para cocinar y alimentar a los manifestantes. Sirvieron con amor mientras los líderes masculinos atrincherados desencadenaban tácticas clásicas machistas. Para frenar las protestas, el presidente Iván Duque movilizó fuerzas policiales con armas de estilo militar, mientras que el expresidente Uribe, cuya familia ha sido vinculada con actividad paramilitar ilícita, utilizó las redes sociales para caracterizar a los manifestantes como terroristas y vándalos. Algunas estadísticas sitúan el saldo humano de las protestas, que duraron dos meses, en 1.133 víctimas de violencia física, 1.445 detenciones arbitrarias, 47 lesiones oculares sufridas y 43 homicidios.

Márquez está formada por esta marcada opresión, por la falta de acceso a los servicios humanos básicos, por la desigualdad racial, de clase y de género. Cuando era niña, se enfrentó a la amenaza de que su casa fuera arrebatada de la familia. Al igual que muchas jóvenes colombianas sin acceso a la educación sexual, quedó embarazada a los 16 años. Trabajó en las minas de oro ilegales hasta el último día de su embarazo, y luego como doméstica para mantener a su hijo.

Su familia ha enterrado a muchos parientes jóvenes, algunos víctimas del conflicto armado, algunos perdidos al consumo de drogas mientras buscaban oportunidades económicas en centros urbanos donde no encontraban nada. Su lucha por superar los desafíos que ella y millones de colombianos – ‘los nadies’– enfrenta todos los días le ha dado a la Vicepresidenta Electa Francia Márquez una comprensión profunda y pragmática de lo que necesita cambiar.

Márquez es abogada, una destacada defensora de los derechos humanos, cuyo activismo contra la minería ilegal atrajo la atención internacional y le valió el Premio Ambiental Goldman en 2018. Y es una feminista descarada. “No pedí estar en la política, pero la política se ha metido en nuestras vidas y nos ha hecho miserables”, dijo en una entrevista reciente con Semana. “Esa política patriarcal, hegemónica, racista y clasista es la política que hoy queremos transformar. Ha llegado el momento en que 'los nadies' se pondrán de pie. Ha llegado el momento de que los negros, los indígenas, los campesinos, la gente común, los históricamente excluidos, se tomen de la mano y hagan avanzar a esta nación”.

“Si el 52% de las mujeres de este país apuestan por un cambio y una transformación, podemos lograr escribir una nueva historia para nuestra nación”
Vice Presidenta Electa Francia Márquez

O se logra una transformación o nos hundimos más. En junio de 2022, un breve perfil de Colombia de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) dejó claro que urge un cambio económico estructural básico. Aunque la recuperación de la crisis de COVID del país es notable “... tanto el crecimiento como la inclusión social están atrapados por entornos de políticas estructurales débiles que impiden a más de la mitad de los trabajadores aspirar a empleos formales y la protección social…”

Hoy, las mujeres encabezan más del 40% de los hogares colombianos, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), 2021. Es a las colombianas, y a la juventud del país a los que Márquez hace un llamado directo: “Si el 52% de las mujeres de este país apuestan por un cambio y una transformación, podemos lograr escribir una nueva historia para nuestra nación que garantice a nuestros hijos e hijas un lugar mejor. Si los jóvenes, que son más de 9 millones, asumen este desafío, serán parte del cambio”.

En el centro de la propuesta de la plataforma política de Márquez está la creación del Ministerio para la Igualdad, incluidos los derechos LGTBQ. Para las comunidades marginadas, el ministerio proporcionará acceso al empleo y a servicios de salud de apoyo. Para los jóvenes colombianos, que están a la vanguardia en la demanda por el cambio, el ministerio desarrollará una política que les permitirá realizar sus sueños, dándoles acceso a la educación y los servicios de salud, a las artes y la tecnología.

La desigualdad económica está al centro de la arraigada actividad del narcotráfico que ha plagado al país desde principios de la década de 1950. El lucrativo negocio con mercados abiertos tanto en los Estados Unidos como en Europa, ha enfrentado a los cárteles con grupos paramilitares para competir por el control de los campos de cultivo, los laboratorios y las rutas de exportación, dejando a las comunidades campesinas en medio de la violencia. Márquez reconoce la necesidad de un cambio de paradigmas al enfrentar las políticas de drogas fallidas que permitieron la pérdida de tantos familiares, amigos, colombianos. Ella ve las posibilidades comerciales y de salud del cannabis, “como una forma de fortalecer a las mismas comunidades que han sufrido las políticas ineficaces y punitivas”.

Existen obstáculos formidables para lograr influenciar los valores de una cultura política conservadora y enclaustrada, como lo demuestra un análisis de 2018 publicado en el diario liberal, El Espectador. El país ha tenido 117 presidentes en dos siglos y seis familias: López, Santos, Ospina, Pastrana, Lleras y Mosquera son los apellidos más repetidos en la lista de presidentes de Colombia. Además, hoy un mandato presidencial está limitado a cuatro años, lo que le da a Petro y Márquez poco tiempo para efectuar cambios.

Sin embargo, la presencia nacional de Francia permite por primera vez que millones de colombianos en el país y en el extranjero se vean representados en el gobierno. El llamado a las mujeres y los jóvenes a involucrarse es un momento de “sí podemos” que ha alterado la psique nacional. La gente común, los nadies, que escucha las prioridades de Petro y Márquez en su intento por la igualdad y la paz se siente abordada y comprendida. Ha sido llamada a tomar acción.

traducción por Juana Ponce de León.



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Juana Ponce de León
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