Una institución nacional allana los movimientos latines
El papel fundamental de latines en los movimientos del poder militante y de derechos civiles de los Estados Unidos de las décadas 1960 y 1970 está pasando a un primer plano en respuesta a los intentos de hacer invisible esa historia.
Desde liderar grupos revolucionarios como el Young Lords Party, hasta coordinar paros escolares, las mujeres chicanas, puertorriqueñas y otras latines salieron a las calles con desafío y una visión de transformación, organizando a los jóvenes y las comunidades para tomar acción. Desafiaron las políticas de esterilización masiva, la brutalidad policial, el racismo, la negación de servicios básicos, el colonialismo, el sexismo y la explotación de los trabajadores, dejando una base de resistencia a la opresión para la siguiente generación.
Elementos de esta historia estaban programados para formar parte de una exposición del Museo del Latino en América del la institución Smithsonian. Pero latinos de derecha atacaron este proyecto igual que a uno anterior, alegando que “el museo estaba siendo utilizado para promover una narrativa ideológicamente sesgada” y exigieron que se eliminara los fondos para el museo. El museo y el Smithsonian reemplazaron la exhibición con un tema de música – la salsa.
Cuando esa noticia fue revelada el otoño pasado, Iris Morales, ex integrante de los Young Lords, se mostró indignada, pero no se asombró. “No me sorprende que quieran controlar la narrativa, que siempre está controlada por quienes están en el poder”, afirmó.
Con su activismo principalmente en la costa este, el Young Lords Party (YLP) era conocido por sus acciones directas, que incluyó la toma de control de un hospital del Bronx para obligar a la ciudad de Nueva York a abordar las horribles condiciones allí. Aunque predominantemente puertorriqueño, el YLP incluyó a mujeres afroamericanas como Denise Oliver-Vélez y Cleo Silvers, lo que significa que la exclusión por parte del Smithsonian va más allá del impacto a latines y también representa una desvía de los esfuerzos por desmantelar un enfoque en la historia de Estados Unidos centrado en el punto de vista de los blancos.
“Un pequeño museo no nos va a borrar”, dijo Morales. “De hecho, si no incluyen las historias de la gente, a lo largo no será un museo de mucho éxito.”
Johanna Fernández y Felipe Hinojosa, profesores de historia y curadores invitados, fueron los encargados de armar la exposición que fue cancelada cuando ya estaba en un 65% montada, según Hinojosa. “Estos conservadores están utilizando el miedo para impulsar su agenda que ahora ha llegado a un museo federal, y no un museo federal cualquiera, sino la red de museos más grande del mundo”, dijo Fernández en una entrevista con Democracy Now!.
El ataque a la exposición se produce en el contexto de un asalto a los estudios y libros de/sobre negros, indígenas y otras personas de color (BIPOC por sus siglas en inglés), ataques que han sido implacables en los últimos años, pero que también se remontan mucho tiempo atrás.
Para crear más conciencia sobre esta deleción, el Departamento de Estudios Chicanos y Latinos (CLS, por sus siglas en inglés) de la Universidad Estatal de California, Los Ángeles, organizará una asamblea pública el 19 de marzo.
“Esta reunión va a ser icónica”, dijo Rachael Ochoa, quien fue una de las líderes en los boicots estudiantiles de 1968. “Todos estamos unidos a esta edad porque ¿qué es más importante que correr la voz a cualquiera que pueda ser parte de nuestro legado”?
Los boicots del Este de Los Ángeles de 1968 llamaron la atención sobre la discriminación sistémica en la educación contra estudiantes mexicoamericanos. Algunos maestros y escuelas prohibían abiertamente que los estudiantes hablaran español y el sistema encaminó a los chicanos a programas domésticos o vocacionales en lugar de cursos académicos en preparación para la universidad.
“Dios te libre si hablas español”, dijo Ochoa. Recordó cómo una maestra en la escuela primaria agarró una pastilla de jabón y le gritó a un estudiante que hablaba español: “'¡lávate la boca!' Esa fue la amenaza y la humillación por hablar español”.
En marzo de 1968, miles de estudiantes de secundaria mayormente chicanos abandonaron las clases y marcharon en protesta mediante un boicot coordinado que ayudaría a generar impulso para un movimiento mexicano-estadounidense más amplio.
Margarita ‘Mita’ Cuarón recuerda la hostilidad a la que fue sometida después de marcharse de clase. “Regresaba a la escuela para retomar las clases después de haber sido suspendida dos semanas de más”, recordó Cuarón. “La maestra miró hacia arriba y dijo ‘miren quién ha decidido regresar después de todos los problemas que causó al impedir que todos ustedes recibieran una educación” '.
Cuarón está furiosa por la cancelación de la exposición. “Simplemente la historia se repite. No es amnesia, no es olvido, es deliberada negligencia”.
Al fin de cuentas, las tres mujeres están de acuerdo: para enfrentar este problema ven la fuerza en la unidad. “En ese entonces éramos jóvenes, pero ya no tenemos miedo. Como ancianas, estamos más decididas que nunca a inspirar a los jóvenes aspirantes a ser activistas”, dijo Ochoa.
“No nos hicieron caso, pensando que ‘oh, esas viejas, no van a hacer nada’. Bueno, se despertaron bruscamente”, agregó Cuarón.
“Nuestro poder siempre está en que las masas populares hagan oír sus demandas”, dijo Morales. “Los jóvenes seguirán buscando sus historias, cada generación lo hace. No nos van a borrar”.
Más información sobre la asamblea “Deliberada negligencia y el futuro de la historia latina/o/x en el Smithsonian” se encuentra aquí.
Traducción por Juana Ponce de León.
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