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Unidos, ¿estamos?

Peru protests Nov 2020
Peruvians across the political spectrum protested a "legislative coup" in early November. (c) Via Twitter @kookitae__

Siendo una de millones de personas con doble nacionalidad, he sido testigo de un momento especialmente volátil para mis dos países de ciudadanía, los Estados Unidos, donde he vivido la mayor parte de mi vida y Perú, donde nací durante la dictadura militar del presidente Juan Velasco. Los dos países son democracias, pero entre las dos Perú es obviamente la más frágil, subrayada por los siete golpes de estado en el último pasado, y el hecho que cuatro de sus líderes más recientes han enfrentado serios cargos de corrupción terminando en juicios políticos, exilio, penas de prisión, e incluso el suicidio de uno de ellos. Pero por primera vez siento una profunda inquietud sobre dónde están las cosas; no allá sino aquí.

En el período previo al día de las elecciones, algunos medios estadounidenses distribuyeron artículos sobre "qué hacer en caso que haya un golpe de estado", una perspectiva inimaginable hasta que el presidente Trump, desafiando la voluntad expresada por la mayoría del electorado de la nación, se negó admitir la derrota -- incluso pidiendo a los grupos de milicias de derecha racistas que "se mantengan cerca". Durante esas mismas semanas, el presidente de Perú Martín Vizcarra fue, de una, acusado por el congreso de esa nación, con un “golpe legislativo” lo destituyo de su cargo y fue reemplazado por el titular de ese mismo congreso, Manuel Merino, un sucesor que el pueblo peruano no pidió y rechazó rotundamente.

Lo que se desarrolló de inmediato fue impresionante: ciudadanos de todo el espectro político -- no solo "izquierdistas"-- indignados, salieron a protestar a las calles, en todas las ciudades y pueblos del Perú. Aquellos viviendo en el extranjero mostraron solidaridad en reuniones alrededor del mundo, como a la que me uní frente a la sede de las Naciones Unidas. Con seguridad los peruanos se fijaron en los levantamientos populares transcurriendo por más de un año en Chile, y de su impresionante resultado: una super mayoría del 78% de los chilenos vota para crear una Constitución completamente nueva. Aunque para Perú tales cambios sistémicos generales aún no están en juego, los manifestantes lograron en su objetivo inmediato: el nombramiento, hasta las elecciones de abril de 2021, de un líder interino más ampliamente aceptable, Francisco Sagasti.

Aparentemente ha estallado un nuevo fervor y esperanza de las “venas abiertas” de Perú, venas abiertas tal como el escritor uruguayo Eduardo Galeano lo describió de una Suramérica encadenada por el legado de 500 años de colonización que codificaba y consagraba el poder para sus élites corruptas. Los peruanos afirman contundentemente, encapsulado en el hashtag que se volvió viral, que #SeMetieronConLaGeneraciónEquivocada. Así, por esto, por mi patria tradicionalmente cínica me siento optimista.

Dada la miríada de partidos políticos en Perú (diez presentaron candidatos en las elecciones presidenciales más recientes), es raro que los votantes encuentren a un candidato que responda a todas sus preocupaciones sobre el gobierno y gobernanza, especialmente a un candidato en cuya ética personal y política puedan confiar. El país ha estado a la vanguardia de COVID-19 -- ha sido uno de los más afectados tanto en infecciones como en muertes; tiene la tasa más alta de violencia sexual contra las mujeres y las niñas del hemisferio, como lo pone en relieve el movimiento antifemicidio #NiUnaMenos; la opción reproductiva permanece inexistente: el aborto está criminalizado, incluso para las víctimas de violación e incesto; el Amazonas está siendo despojado de sus riquezas; y los derechos de los pueblos *indígenas siguen siendo violados impunemente.

Igual que en un juego de ajedrez a la defensiva, el objetivo de los diferentes equipos políticos parece estar permanentemente centrado en bloquear al rey o la reina del campo opuesto (como las fuerzas en contra de Keiko buscan evitar que el clán Fujimori regrese al trono, es decir, sin ser democráticamente elegido) en lugar de cultivar de manera proactiva el tipo de líderes con virtudes y visión que el futuro de Perú necesita tan desesperadamente para lograr un avance duradero y transformador.

“Con el tiempo sabremos si las protestas de Perú habrán constituido un momento singular o un movimiento sostenible”
Cristina Verán

Con el tiempo sabremos si las protestas de Perú habrán constituido un momento singular o un movimiento sostenible. Aquí, mientras tanto, el mito del excepcionalismo estadounidense se está fracturando; el tumulto y la división que alguna vez se atribuyeron sólo a “esa gente afuera” nos está sucediendo aquí mismo. Aunque un nuevo presidente ha prevalecido, es innegable que 74 millones de votantes estadounidenses respaldaron el tipo de “hombre fuerte” autocrático que América Latina conoce demasiado bien, tanto de derecha como de izquierda. Lo que sigue siendo incierto es esto: ¿a dónde vamos ahora? Trump y sus millones de simpatizantes no se van a ir; de hecho, se dice que Trump está planeando postularse de nuevo (a menos que uno de sus hijos tome las riendas). En todo caso lo que sí se queda aquí es un libro de jugadas comprobadas para aprovechar una verdad fea: casi la mitad de los votantes estadounidenses cree que el resto de nosotros no debe ser incluido en lo que nuestra Constitución considera sagrado: "nosotros el pueblo". Y una vez que la gente deja de creer en la Democracia para todos, la autocracia nacionalista blanca esta a sólo un paso de ganso.

Para aquellos de nosotros que vemos el cumplimiento de la mayor promesa de este país en valores progresistas, con libertad y justicia, dignidad y prosperidad para cada estadounidense, nuestra agenda política debe abordar este abismo que cada vez se agrieta más. En una democracia que consiste de innumerables voces y puntos de vista, ¿cómo puede el pueblo saber lo que esto realmente significa —y reconocer cuando la base misma de nuestra unión está en peligro— cuando sólo nueve estados (más Washington D.C)) requieren que sus escuelas enseñe un mero año de educación cívica? La Democracia es, por encima de todo, un interés especial que todos debemos compartir.

Cristina Verán es asesora, investigadora, curadora, educadora y creadora de medios especializada en temas de los pueblos indígenas internacionales. Es corresponsal de las Naciones Unidas desde hace mucho tiempo, y fue miembro fundador de la Red de Medios Indígenas de la ONU. También es ex becaria en residencia de APLP en el East-West Center, un grupo de expertos establecido por el Congreso de los Estados Unidos para promover la cooperación, la colaboración y la diplomacia con las naciones de Asia y las islas del Pacífico. Ella es originaria de Perú.

*Si bien la inmensa mayoría de los peruanos son, al menos en parte, de linaje indígena andino; las personas de o que viven en comunidades rurales más tradicionales y que hablan sus idiomas originales son las identificadas oficialmente por el término indígena.



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En inglés
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