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La historia sin contar del Colectivo de Mujeres Latinas

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Esperanza Martell discusses the history of the Latin Women's Collective. Esperanza Martell comenta la historia del colectivo. Photo/Foto: Mariana Martínez Barba

En Casabe Houses situado en el vecindario de El Barrio en Nueva York, las primeras líneas del poema “Dedicado a mis primeras hermanas sanadoras del mundo”, de Sandra Nia Rodríguez, resonaron en la sala. La anfitriona, Maria Teresa “Mariposa” Fernández, pronunció las palabras con una confianza inquebrantable, haciendo un gesto a la concurrencia de mujeres: “Extraño a las que esperaron pacientemente que el universo actuara y, al no tener respuesta, tomaron la justicia en sus manos”. Con un ritmo constante, siguió, “Extraño a las hermanas de la ciudad, las hermanas organizadoras”.

Al concluir el poema, Mariposa gritó: “¡Que viva la mujer!” y la sala rugió en respuesta: “¡Que viva! ” Aplausos, celebraciones y sonrisas estallaron cuando las integrantes del Colectivo de Mujeres Latinas (LWC) que se reunían por primera vez desde su fundación hace 48 años.

Con 60 participantes, la LWC es producto de una era de luchas anticoloniales y cambio social en todos los continentes. En los Estados Unidos, los movimientos para los derechos civiles y contra la guerra, y grupos militantes en las décadas de 1960 y 1970 presionaron por la representación, la igualdad y la transformación. Las mujeres que formaron la LWC en 1975 surgieron de la organización izquierdista en la ciudad de Nueva York, donde eran miembros de grupos políticos como El Comité, el Partido Young Lords, Casa de Las Américas y el Partido Socialista Puertorriqueño.

El colectivo reunió a mujeres de la clase trabajadora que anhelaban una hermandad para hablar sobre las luchas que enfrentaban tanto personales como dentro de los grupos. Aunque muchas de ellas eran activistas, sentían que no tenían la voz o la autoridad para convertirse en líderes. El LWC llegó a ser un vehículo para desarrollar sus propias habilidades de liderazgo y organización.

“El comienzo [de la LWC] tuvo que ver con el trabajo que algunas de nosotras habíamos estado haciendo en torno a Vietnam, la guerra de Vietnam, y también el trabajo en torno a la esterilización”, dijo la cofundadora Lillian Jiménez. Mientras asistían a conferencias en apoyo de las mujeres vietnamitas a principios de los años 70, las primeras fundadoras comenzaron a conocer a otras latinas interesadas en organizarse en torno a esos temas.

“Lo que aprendí en el colectivo fue a hablar y dejar de esconderme”
Blanca Vázquez

Jiménez, Esperanza Martell, Blanca Vázquez y otras lanzaron oficialmente el colectivo en 1976 durante una gran conferencia donde expusieron sus planes y objetivos. “Lo más importante es que éramos antiimperialistas”, compartió Martell, “arraigadas en una verdadera perspectiva de raza, clase y género con un enfoque en las mujeres latinoamericanas”.

Formadas por una variedad de experiencias, desde sobrevivir a la dictadura de Trujillo en la República Dominicana hasta el programa de esterilización financiado por los Estados Unidos dirigido a las mujeres puertorriqueñas, las mujeres de LWC se reunieron para criticar y nutrir sus capacidades a través de estudios, lecturas y debates rigurosos.

El lema de LWC, “La liberación de la mujer a través de la lucha obrera”, afirmaba que la libertad de la mujer sólo sería posible a través de la liberación de la clase trabajadora. En comparación con los movimientos feministas más visibles en ese momento, LWC consideraba que la clase y la raza eran parte integral de la comprensión de los derechos de las mujeres de la clase trabajadora.

Cuando LWC comenzó, se guiaron por una identidad compartida como mujeres revolucionarias, lo que significa que se trataba de transformarse a sí mismas y a los sistemas de opresión. El grupo reunió a puertorriqueñas, chicanas, dominicanas, colombianas y más. Juntas, vieron cómo las mujeres de la clase trabajadora, particularmente las latinas, rara vez eran reconocidas por su trabajo.

Latin Women's Collective Circle
Members of the Latin Women’s Collective gathered to reflect on their involvement. Miembros del Colectivo de Mujeres Latinas se reúnen para reflexionar sobre su participación. Photo/Foto: Mariana Martínez Barba

Formando un círculo, las participantes de la LWC se sentaron en su reunión el 12 de marzo para discutir sus experiencias y el impacto del colectivo. Las mujeres hablaron sobre los traumas que afectaron a sus comunidades. Cuando Jiménez dijo que su madre había sido esterilizada, otras afirmaron que esto también había sido el caso en sus familias.

Para las miembros de LWC, estas experiencias dolorosas pasaron a la acción. Por ejemplo, Jiménez se desempeñó como productora asociada para el documental “La Operación”, que expone cómo la campaña de esterilización eliminó los derechos reproductivos de un tercio de las mujeres puertorriqueñas.

Vázquez, quien era una niña durante la migración masiva de puertorriqueños en la década de 1950, recordó cómo la LWC le dio el poder de hablar. Muchos niños de esa generación fueron sometidos a escuelas que no ofrecían educación bilingüe y que podían ser hostiles a la “oleada” de niños puertorriqueños.

"Yo era una niña inteligente que nunca hablaba en clase. Sentí que porque el racismo era flagrante —se trataba de ignorarnos— me mantuve en silencio durante toda la escuela secundaria”, compartió Vázquez. “Lo que aprendí en el colectivo fue a hablar y dejar de esconderme. Eso es algo muy poderoso. Pasé de no poder hablar a ser maestra”.

Dos dominicanas presentes también compartieron sus luchas de vivir en una dictadura seguida la intervención de Estados Unidos en la República Dominicana, en la década de 1960. Su viaje a Nueva York y el tener que enfrentar desafíos como latinas las llevó a unirse a LWC. “Encontré mujeres que apoyaban la revolución cubana y estaban en contra de la guerra en Vietnam. Me sentí identificada con [ellas] – y que había una lucha de clases trabajadoras en este país”, explicó Estela Vázquez.

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Edelmira Ventura poses with a frame commemorating the Latin Women’s Collective. La socia Edelmira Ventura posa con un marco conmemorativo del Colectivo de Mujeres Latinas. Photo/Foto: Mariana Martínez Barba

El espacio seguro que creó LWC permitió que la crítica en la clase fuera una transformación compasiva, en lugar de una sesión de vergüenza. Al enfatizar la práctica de la crítica frente a la autocrítica y la educación política como herramientas para el crecimiento, la LWC se centró en realzar a las latinas de la clase trabajadora. “La persona que ha sido criticada no debe salir de la reunión sintiéndose abatida, despreciada y totalmente desanimada”, afirma un memorando de LWC de 1976, “sino que debe emerger más fuerte, con la mente clara, con calidez y confianza de que la crítica le hizo bien y la ayudó a corregir sus errores”.

LWC facilitó discusiones que permitieron a las mujeres ver cómo funcionaban los sistemas de opresión. “Comenzaron a abrirme los ojos sobre cómo el colonialismo afectó a mi familia”, compartió Edelmira Ventura durante la reunión. Estudiando libros como Historia del movimiento obrero en los Estados Unidos de Philip S. Foner, o el innovador clásico de la salud de la mujer, Nuestros cuerpos, nuestras vidas (Our Bodies, Ourselves), el LWC también empoderó a las mujeres con el conocimiento para interpretar críticamente las lecturas y abogar por sí mismas.

Aunque se separaron en 1978 por desacuerdos y tácticas políticas, quedó claro en la reunión que las participantes de LWC estaban conmovidas y agradecidas por su impacto en sus vidas. “Podríamos haber estado en contacto en diferentes configuraciones”, compartió Blanca Vázquez, “pero todas en un solo cuarto, para poder decir lo que esta experiencia significó para nosotros, fue realmente algo muy especial”.

Para resguardar el impacto duradero del colectivo, hay planes para lanzar un libro y recopilar historias orales de las miembros para “enviarnos al futuro”, como dijo Martell. La compilación de actas de reuniones, lecturas y documentos espera ser digitalizada por el Centro de Estudios Puertorriqueños. “Alguien tiene que escribir esta historia de estas mujeres poderosas”, agregó Martell. “Las jóvenes necesitan escuchar esa historia y estamos haciendo estas entrevistas orales para aferrarnos a estas historias”.

Siendo mentoras, las activistas de LWC han influido en las generaciones más jóvenes de mujeres. Las mujeres jóvenes presentes en la reunión entendieron las lecciones importantes que podían aprovechar de las matriarcas de LWC. Una de las asistentes sugirió desarrollar un currículo basado en el trabajo del colectivo.

En los archivos de LWC se encuentra un poema de Karen Slotnick para el Día Internacional de la Mujer Trabajadora (IWWD) en 1977. El poema recoge los momentos en que una mujer percibe las históricas protestas de 1857 en Nueva York que marcaron un nuevo capítulo para los derechos de las mujeres. “Todas marchaban fuera de los muros de la fábrica. Todas habían estado esperando a todas las demás, y todas habían llegado”.

A medida que las miembros de LWC continúan compilando su historia para las líderes latinas venideras, el poema se llena con un significado duradero. “Ella levantó los ojos”, dice el texto, “y lo que vio fue el sol y el sol estaba saliendo”.

Traducido por Juana Ponce de León.

La versión original erróneamente se refiere a Lillian Jiménez como productora asociada del documental La Operación. Esta versión actualizada fue corregida para reflejar que Blanca Vázquez fue la productora asociada.



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