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Los puertorriqueños — a través del blanco de los ojos

Puerto Rican diaspora
Puerto Ricans of the "great migration" at a laundromat in New York City. Puertorriqueños de la generación de la “gran migración” en una lavandería en Nueva York. Photo/Foto: Center for Puerto Rican Studies/Hunter College.

El próximo mes, Steven Spielberg lanzará una nueva versión de West Side Story. No puedo evitar sentir una sensación de temor por la reproducción fílmica de una narrativa que ha enmarcado la experiencia puertorriqueña por más de 60 años.

Soy puertorriqueña nacida en la isla y traída a Nueva York cuando tenía un año, durante el éxodo masivo de boricuas a los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Era niña cuando West Side Story se estrenó como musical en 1957, y apenas una adolescente cuando salió la película en 1961.

Desde entonces, hemos visto esta historia reproducida en dos musicales más en Broadway, en innumerables producciones off-Broadway y en escenarios en todo el mundo—desde Tokyo a Lima. Probablemente cientos de millones de dólares se han invertido en esta obra y aunque en años recientes se han hecho algunos cambios superficiales, la misma historia fundamentalmente problemática sigue intacta.

Aparentemente, West Side Story es simplemente una interpretación moderna del antiguo cuento de “Romeo y Julieta” y la guerra entre los clanes de familia que impide la unión de los jóvenes enamorados. Pero también incluye —como alude la canción “Somewhere” — un trasfondo sobre la dolorosa imposibilidad de los hombres gay amarse abiertamente.

Lo que sí es más obvio es que West Side Story mira a los puertorriqueños dentro de una historia trágica de esperanzas del gueto y sueños frustrados que era el guion sobre la experiencia nuyorican. La película original empieza con el conflicto entre las dos pandillas de adolescentes rivales en el barrio que se conoce como Hell´s Kitchen, donde ellos se enfrentan en un parque. Ambas pandillas son acosadas ​​por la policía, todos son jóvenes con pocas perspectivas reales, incluso a lo que se da gratuitamente, el amor. Allí termina la intersección.

A través de West Side Story y una oleada de películas menos populares, la imagen de los puertorriqueños con cuchillo en mano se grabó en la mente no solo de los estadounidenses, sino también en la de audiencias alrededor del mundo que no tenían contacto directo con nosotros. La alusión a West Side Story fue la reacción más común que experimenté en Europa cuando dije que era puertorriqueña. Sus personajes y la representación de nosotros se han vuelto omnipresentes.

El contexto puertorriqueño importa

Los narradores blancos de la película reprodujeron estereotipos raciales y étnicos de los boricuas en un momento en que la diáspora puertorriqueña se estaba organizando, pero aún era políticamente vulnerable. Durante 60 años, no ha habido producciones con presupuestos comparables a West Side Story que cuenten las historias donde los puertorriqueños se apropian de su poder político, como el de los Young Lords, o el movimiento isla-diáspora que puso fin al bombardeo de la Marina de los Estados Unidos en Vieques, Puerto Rico, y más recientemente, las protestas de 2019 que derrocaron a un gobernador.

“Durante 60 años, no ha habido producciones con presupuestos comparables a West Side Story que cuenten las historias donde los puertorriqueños se apropian de su poder político”

Las narraciones importan. La forma en que se representa una comunidad es importante. El fallecido Young Lord Richie Pérez, profesor y líder incansable en la lucha contra la brutalidad policíaca, observó en un ensayo épico para la revista CENTRO que la manera que se enmarca a los puertorriqueños y otras personas de color en las noticias y los medios de comunicación como poblaciones “problemáticas” sirve para justificar una agresiva vigilancia policial y la desinversión en los “indignos” vecindarios de afroamericanos y latinos. Las imágenes en West Side Story y otras películas, como Fort Apache, El Bronx, dieron forma a cómo los maestros nos veían y nos trataban, y a qué trabajos teníamos acceso y cuales oportunidades se nos ofrecieron o se nos negaron. Muchos en mi generación, los hijos e hijas de trabajadores de fábricas, fueron encaminados en gran medida hacia carreras vocacionales, ya que no se nos consideraba capaces de nada más. Instituciones como el Puerto Rico Legal Defense and Education Fund se vieron obligadas a poner demandas para que los puertorriqueños pudieran acceder a empleos municipales que estaban dominados en todos los ámbitos por los blancos.

West Side Story nombra y claramente define a los puertorriqueños. Los otros “otros” son simplemente gente blanca de la clase trabajadora —los “verdaderos” estadounidenses perturbados por nuestras caras trigueñas, presencia exótica y amenazante, y resistencia a acomodarnos. El show y película replica la jerarquía estadounidense racial de mejor y peor entre los blancos y los negros en la forma que califica a las pandillas —“Cuando eres un Jet, eres un Jet para siempre”, mientras que “todo puertorriqueño son despreciables gallinas”. Los boricuas —los llamados “Tiburones” — son depredadoresmientras que los “Jets”, los blancos, vuelan, aunque estos últimos son los que manosean y tratan de violar a Anita.

Este trato racializado está profundamente arraigado en la historia del cine estadounidense. Las representaciones de la pandilla, el criminal, el pícaro, el hombre peligroso como negros y latinos son ubicuas, comenzando con el primer “malo” de Hollywood, el bandido mexicano de los westerns de la era del cine mudo. West Side Storytambién apoya el marco sexista de la mujer como virgen casta, proyectada por María, o como la colorida y sexualizada personaje de Anita.

En la canción “América”, sí se escucha referencias a una experiencia auténtica. Este canto de llamada/respuesta entre hombre y mujer que toma lugar en la azotea, es donde Bernardo habla del privilegio que la sociedad asigna a los blancos, cosa rara vez vista en la historia del cine y la televisión estadounidense. Cuando Anita dice “la vida es buena en América”, Bernardo le contesta “si eres blanco en América”. Y mientras las mujeres dan voz a las posibilidades que la migración les puede brindar, este escenario es también donde Anita caracteriza a la isla como un lugar donde “siempre soplan los huracanes” y “la población crece” y “se debe dinero”. Según ella, Puerto Rico puede “hundirse de nuevo en el océano”. ¡Ay!

El error de West Side Story

En una entrevista con el Hollywood Reporter, Tony Kushner, quien escribió el guion de la versión de Spielberg, comentó que los creadores originales del musical se basaron en la experiencia de los inmigrantes judíos, cosa que él considera fue un error.

Nuestra historia es muy diferente al mítico modelo europeo-americano de inmigrar, asimilar, trabajar duro y prosperar. Lo nuestro fue uno de los otros caminos trillados hacia la “incorporación” a Estados Unidos: la anexión mediante la conquista. Después de la guerra ibero-cubano-EE.UU. de 1898, Estados Unidos logró el control de Puerto Rico, Guam, y también Filipinas. Aún hoy, conserva la base de Guantánamo Bay en Cuba. Y sin consultarnos, los puertorriqueños fueron declarados ciudadanos por decreto del Congreso en 1917.

La migración masiva de cientos de miles de Anitas, Marías y Bernardos fue desde el comienzo una estrategia planificada para la absorción de trabajadores desplazados. El modelo económico estadounidense, conocido como Manos a la Obra (Operation Bootstrap en inglés), solo podría tener éxito expulsando el “exceso” de la población de la isla. Muchos de nuestros padres terminaron realizando trabajos explotados en arduas condiciones en fábricas y granjas por todo los Estados Unidos. La cobertura negativa de los dominantes medios locales blancos a la migración de miles de puertorriqueños a Nueva York prepararon el escenario para la producción original en Broadway y la película.

La época de Manos a la Obra hace tiempo se terminó y hoy Puerto Rico está en bancarrota. Con la isla endeudada por billones de dólares, el presidente Barack Obama y el Congreso impusieron en 2016 una junta fiscal externa que prioriza los intereses de Wall Street y que los puertorriqueños consideran fomenta un capitalismo depredador. El control de esta entidad fiscal no electa, conocida como “La Junta” en la isla, hace que el supuesto estado de autogobierno de Puerto Rico, ya dudoso en el pasado, no sea más que una broma cruel.

El clamor y la resistencia han sido constantes en la isla y la diáspora. Han habido marchas masivas contra la imposición de La Junta y sus políticas de austeridad. En medio de los apagones frecuentes en Puerto Rico, los manifestantes salen a las calles casi todas las semanas, con estudiantes, feministas y trabajadores al frente. En toda la isla, los puertorriqueños están desarrollando proyectos agroecológicos, aprovechando la energía renovable y probando otras innovaciones en la soberanía alimentaria y energética. La diáspora puertorriqueña sigue llamando la atención sobre las políticas de Washington que tiene a la isla económicamente paralizada.

Todo esto —el impacto del colonialismo estadounidense— ha estado a la plena vista durante muchos años. Sin embargo, de alguna manera, la idea de otra interpretación de West Side Story se convirtió en la prioridad.

“Todo esto —el impacto del colonialismo estadounidense— ha estado a la plena vista durante muchos años. Sin embargo, de alguna manera, la idea de otra interpretación de West Side Story se convirtió en la prioridad”

Al contrario a lo que comentó Kushner, la equivocación de West Side Story no es simplemente la imposición de la trayectoria de otro grupo para contar una historia supuestamente nuestra, sino el hecho de que los hombres blancos creen que tienen derecho a definir, escribir, y dirigir historias sobre nosotros. Esto se siente tan colonial como el control que Washington ejerce sobre Puerto Rico. Las decisiones del gobierno federal han provocado una ola reciente de puertorriqueños a ciudades donde los barrios boricuas están bajo la amenaza de desplazamiento. De hecho, hoy día es difícil ver las huellas de la comunidad boricua que existían en el vecindario en que West Side Story se enfoca.

Lo que también se debe tomar en cuenta es que la obsesión con esta historia va en contra de una era de ajustes de cuentas raciales, autenticidad creativa y producciones por y para personas de color, como vemos con el renacimiento en la narración afroamericana. Desde Black Panther hasta Get Out, Lovecraft Country y Queen Sugar, una multiplicidad de películas y programas están desafiando las narrativas dominantes. Estas cuestionan el tropo del sueño americano, que nunca fue neutral en cuanto a la raza. Nuevas voces nos empujan hacia adelante, abren posibilidades creativas y, en última instancia, cuentan historiasmás complejas y honestas sobre las aspiraciones de una comunidad y la lucha por justicia social.

Durante la mayor parte de mi vida, West Side Story ha representado una pobreza de pensamiento y sentimiento hacia Puerto Rico y nuestra relación con los Estados Unidos. Mientras que ésta alimente la imaginación popular sobre quiénes somos y qué queremos como pueblo, los puertorriqueños salen perdiendo. Ninguna comunidad debe ser encapsulada de esta manera, no en 1961 y ciertamente no en 2021.

Traducido por Juana Ponce de León.



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