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Cómo informamos sobre la violencia machista importa

Women in Puerto Rico took over the Teodoro Moscoso bridge
On May 2nd, women in San Juan, Puerto Rico took over the Teodoro Moscoso bridge, near the lagoon in which the body of Keishla Rodríguez Ortiz was found. El 2 de mayo, Puertorriqueñas tomaron control del Puente Teodoro Moscoso en San Juan, al lado de una laguna donde el cuerpo de Keishla Rodríguez Ortiz fue encontrado. (c) Ana María Abruña/Todas

Los feminicidios perpetrados por parejas o exparejas son noticia e informar sobre la violencia machista es importante, tan importante como hacerlo bien.

La cobertura que lxs periodistas hacemos sobre estos crímenes puede ser la diferencia entre la vida y la muerte para muchas otras mujeres en situaciones de vulnerabilidad y riesgo. No es “normal” que un hombre asesine a su esposa, a su novia, amiga o compañera. Tampoco que mate a sus hijos para hacerle daño. Es frecuente, sí, pero no es normal. Sin embargo, la cobertura de los medios sugiere que hay que esperar esta forma de violencia y frecuentemente falta una investigación profunda a las raíces de los feminicidios. Además, la violencia machista se sostiene con estereotipos que se refuerzan desde muchas esferas, inclusive los medios de comunicación.

Los periodistas tienen un papel crítico que va mucho más allá de reportar los detalles. Quienes ejercemos el periodismo tenemos la responsabilidad de dejarlo claro: la violencia machista es una violación de derechos humanos, como la ONU ha declarado y afirmado por años. Es un asunto público que requiere atención multidimensional urgente. Y es prevenible, no inevitable.

En Puerto Rico, vivimos hace años en un estado de emergencia por esta violencia, que oficialmente fue reconocida mediante orden ejecutiva del gobernador Pedro Pierluisi el 25 de enero de este año. Organizaciones feministas, como la Colectiva Feminista en Construcción, lideraron protestas desde noviembre de 2018 para conseguir este reconocimiento del Gobierno y la asignación de recursos para atender este problema social.

El Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico contabilizó 58 feminicidios en 2020 y 29 en lo que va de 2021, clasificados según el Modelo de Protocolo Latinoamericano de Investigación de las Muertes Violentas de Mujeres por Razones de Género (femicidio/feminicidio). Son, claramente, cifras alarmantes.

El asesinato de Andrea Ruiz Costas, cuyo cuerpo parcialmente calcinado fue hallado el 29 de abril en un pueblo del centro de Puerto Rico, y por el que confesó su expareja Miguel Ocasio Santiago, así como el feminicidio de Keishla Rodríguez Ortiz, por el que está arrestado Félix Verdejo, una figura pública en la isla, obligaron a una nueva reflexión sobre cómo hacemos este trabajo.

“El sensacionalismo, la explotación del dolor y las violaciones a la dignidad humana fueron, una vez más, la brújula que guio las coberturas en televisión y medios digitales”

El sensacionalismo, la explotación del dolor y las violaciones a la dignidad humana fueron, una vez más, la brújula que guio las coberturas en televisión y medios digitales. La intromisión por horas de periodistas en el hogar donde la familia de Keishla Rodríguez Ortiz esperaba noticias sobre su paradero, el enfoque de las cámaras sobre su cuerpo mientras era sacada de la laguna a la que fue lanzada a morir, así como los comentarios sobre el tipo de relación que ella y quien fue su feminicida mantenían son apenas unos ejemplos. Además, los medios televisivos apostaron por el análisis desde la perspectiva legal criminalista, utilizando, en ocasiones, abogados que han sido defensores de hombres agresores, dejando de lado la explicación sobre las raíces de la violencia machista.

Podemos hacerlo mejor. ¿Cómo? Educándonos.

El “así se ha hecho siempre” tiene que dejar de ser una justificación para hacerlo mal, y la ciudadanía también tiene el derecho de reclamar coberturas justas, responsables y sin machismo.

Nos recuerda la periodista Laura Moscoso que, así como aprendimos de coronavirus y vacunas, de huracanes y terremotos, urge que entendamos la violencia de género como un tema que necesita especialización, horas de educación continua y empatía.

Parte de este ejercicio es reconocer la dignidad humana como el primer derecho humano, uno que trasciende la vida misma. Significa que, aun en la muerte, debemos referirnos a la memoria de las personas con dignidad y respeto.

Es también entender que las víctimas no buscan ser asesinadas. No importa dónde estaban, la hora que era, qué habían hecho ni qué tipo de relación tenían, nada justifica que las maten. Pero las coberturas suelen excusar a los feminicidas, lavarles la cara y, encima, ponerles el micrófono al frente para amplificar sus propias justificaciones, mientras que las víctimas a las que culpan y cuya memoria mancillan, ya no podrán defenderse nunca.

No es extraño encontrar coberturas que, además, responsabilizan a las víctimas por “haber aguantado”, por “no haber salido a tiempo”, “no haber pedido ayuda”. Otras veces, las culpan por haber terminado la relación e iniciado otra con otra pareja. Es el machismo puro y duro, a veces evidente, otras veces sutil e implícito, pero siempre presente porque está normalizado. Por eso, requiere educación para sacarlo del periodismo.

“Los vecinos no son fuentes confiables, nos recuerdan periodistas feministas en todo el mundo”

Faltan en las coberturas los contextos que solo nos pueden dar personas expertas en el trabajo con víctimas y sobrevivientes de violencia machista, y que ocupen el espacio que se les suele dar a los vecinos cuando se reporta de un asesinato ocurrido en la casa donde feminicida y víctima compartían. Los vecinos no son fuentes confiables, nos recuerdan periodistas feministas en todo el mundo.

Son las personas expertas quienes pueden explicar, precisamente, que salir de una relación donde hay violencia es difícil y que no le toca a nadie juzgar por qué no lo ha podido hacer. Además, tiene que ser un objetivo de la comunicación periodística recordarles a las audiencias, entre las que hay víctimas y familiares de víctimas, que hay ayudas disponibles para salir de ahí.

En Puerto Rico, las periodistas feministas Norma Valle y Firuzeh Shokooh Valle, redactaron la guía para periodistas y profesionales de la comunicación Cobertura mediática para casos de violencia de género en Puerto Rico, de la organización Coordinadora Paz para la Mujer, que fue editado por la también periodista feminista y profesora Ada Álvarez Conde. No es el único. Basta una búsqueda sencilla en internet para obtener guías, tutoriales, ejemplos de buenas prácticas y manuales desarrollados en otras redacciones y espacios. No hay excusa para no implementar mejores prácticas.

Si asumimos un compromiso como periodistas de desaprender el machismo que está impregnado en nuestra cultura, podemos evitar los estereotipos que con tanta frecuencia se han normalizado en los reportajes sobre los feminicidios. Podemos ayudar a salvar vidas.



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