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Historia Borrada

Screenshot Gloria Rojas
Rojas was the first Latina on-air journalist in New York City.

Gloria Rojas irrumpió en la televisión convencional siendo la primera mujer puertorriqueña y periodista latina al aire en la ciudad de Nueva York. La creciente comunidad latina de la década de 1960, en gran parte puertorriqueña, estaba orgullosa de ella. Bodegas colgaban su foto a la entrada y funcionarios electos boricuas y organizaciones latinas sin fines de lucro la celebraban en sus eventos. No obstante, gradualmente, Gloria desapareció de las pantallas. Cuando la noticia de su fallecimiento llegó a los obituarios en febrero, cortéses homenajes a Rojas pasaron por alto las duras verdades sobre el racismo y la misoginia que enfrentamos.

La primera vez que vi a Gloria fue en el verano de 1969, en el vestíbulo de Douglass Projects donde vivía yo con mi familia. Los ascensores se habían dañado y la ciudad no se ocupaba de arreglarlos. Estaba harta y cansada de cargar mi bajo alemán o comestibles 19 pisos arriba. Después de casi un mes de promesas incumplidas por parte de la oficina de la Autoridad de Vivienda de la Ciudad de Nueva York, llamé a WCBS News.

Todos los inquilinos mayores de edad se sentaron a lo largo de las paredes. El resto de los inquilinos frustrados se acumularon a la entrada. La mirada preocupada de Gloria alivió la tensión cuando entró con su equipo de cámara. La gente le sonrió. Los ancianos se dejaron de rodeos cuando ella me asignó de portavoz teniendo solo 15 años. Después de que su informe salió al aire al día siguiente, los técnicos llegaron para hacer las reparaciones. Nacida en El Bronx, Gloria no le temía llamar atención a aquellos que le estaban fallando a las comunidades pobres.

“Nacida en El Bronx, Gloria no le temía llamar atención a aquellos que le estaban fallando a las comunidades pobres”

Gloria es producto del ajuste de cuentas racial de la década de 1960, una década de agitación en respuesta al racismo y la discriminación que impregna todo sector e institución. En respuesta, el presidente Lyndon B. Johnson formó un comité, nombrando solo a una mujer, que produjo el Informe de la Comisión Kerner de 1968. Entre los problemas que la Comisión describió se encuentra la perspectiva dominante de blanquitud en los medios de comunicación estadounidenses: “La prensa ha disfrutado demasiado tiempo de un mundo blanco mirando hacia afuera, si es que lo hace, visto hombres blancos y perspectiva de blancos”. Un miembro activo de esa Comisión, el entonces alcalde Lindsey informó que no había ni un solo latino en las estaciones de televisión nacionales.

En esos años, WCBS TV mostró con orgullo a J.J. González como empleado, seguido por Gloria Rojas, quien más tarde se mudaría a WABC. Ambos asistieron a un exclusivo programa de verano para estudiantes “minoritarios” en 1968 iniciado por Fred Friendly en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. Pero estos dos empleados eran gotas de representación latina en el espacio colosal de los medios. Como ilustración de esta frustración, en 1972 puertorriqueños se apoderaron de los estudios de televisión pública de WNET y desplegaron una bandera sobre el edificio que decía: “20% latinos, 0% programación”.

“En aquellos días, las escuelas dirigían a la primera generación los jóvenes puertorriqueños como yo hacía solo carreras vocacionales”

La siguiente vez que yo vi a Gloria fue en el Desfile puertorriqueño haciendo entrevistas bilingües, en inglés y español, sonriendo y bromeando con la multitud. A diferencia de otros que informaron mecánicamente sobre nuestra cultura, Gloria narró. Ella no era una extraña mirando desde afuera para luego irse.

Su presencia importaba. En aquellos días, las escuelas dirigían a la primera generación los jóvenes puertorriqueños como yo hacía solo carreras vocacionales. El periodismo, una profesión que aporta transparencia y rendición de cuentas, no estaba en la lista de opciones para los boricuas, y mucho menos para las mujeres. No nos identificamos con los programas de televisión sobre madres suburbanas, ya que pocas de nosotras teníamos la oportunidad de quedarnos en casa o vivir en suburbios blancos. Pero en el show “Superman”, vimos a Lois Lane vivir la vida de la ciudad, meterse en problemas y chocar con su editor. Esa valentía es lo que vi en la vida real de Rojas. Me inspiró.

Me convertí en la primera mujer corresponsal de música para la revista Billboard en un momento en que la música latina explotó nacionalmente con la salsa. Asistí al programa periodístico para estudiantes minoritarios de Columbia. Si bien estudiar en Columbia se consideraba gran cosa y nos preparaba para escribir historias, el entrenamiento llegaba desde una perspectiva de blanquitud sin abordar las duras bofetadas de racismo, sexismo y clasismo que vendrían.

Cuando llegué a la redacción de WABC dos años después, en 1979, estaba encantada de estar en el mismo espacio que Gloria, mi ídolo. Pero, para mi consternación, me enteré de que ella fue relegada a historias sobre perros e incendios en Nueva Jersey. ¿Cómo podía ser eso?

Se rumoreaba que estaba marginada porque había aumentado de peso después del nacimiento de su bebés. Para ese entonces, tenía dos hijos en un mundo que exigía cuerpos delgados. Esta y otras presiones, como de abandonar su puertorriqueñidad, estuvieron siempre presentes. Al leer su Fire Escapes: A Fictional Memoir, me di cuenta de cuánto no quería perder su acento del Bronx o sus amigos.

Es fácil imaginar qué más padeció Gloria, para entonces una veterana reportera. Cuando entré en esa sala de redacción de televisión a finales de la década de 1970, me encontré con un ambiente de trabajo hostil y tóxico. Los únicos otros latinos allí eran los muchachos en la sala de correos. Después de traer el arroz con leche de la familia hecho por mi madre, un productor me preguntó si las uvas pasas eran cucarachas.

Una mujer negra sentada alejada de todos en el bullpen era la única periodista de color en ese momento. Nos prohibieron hablar con ella porque había presentado una demanda contra la compañía. Periodistas muy respetados como Gil Noble y John Johnson se convirtieron en íconos en la ciudad de Nueva York y más allá. Sin embargo, fuera de la pantalla frecuentemente los denominaban como engreídos y usaban la palabra despecitiva n- referiendose a los negros, y llamaban spics a los boricuas.

La única vez que se mencionó el nombre de Gloria fue cuando el escritorio de tareas no podía decidir a quién enviar a las “conferencias c-nt”. Los productores amenazaban constantemente con reemplazarnos con personas que harían este trabajo de “glamour” de forma gratuita. Un productor particularmente irritable y amargado se horrorizó de que yo “admitiera” ser puertorriqueña. “¿No sabe que ustedes son los bastardos del Caribe”, gritó, “que no pueden hablar ni español ni inglés”?

Celebramos a los pioneros de nuestra comunidad, como debemos hacerlo. Pero a menudo no somos conscientes del alcance de las agresiones cotidianas sufridas. Tuvimos que sonreír y soportarlo todo durante esas décadas. No había redes sociales para pedir respaldo y retar a un supervisor agresivo. Además, tomar ese riesgo era costoso. Incluso cuando apelé a un boletín latino para que reprendiera a la estación después de hacerme sentir presionada a abandonar mi trabajo por estar embarazada, me aconsejaron que no creara problemas y arriesgarme a no volver a trabajar en los medios.

Cuento mis experiencias para que la gente pueda entender en qué se metían Gloria y otras mujeres. A pesar de todo, ella no abandonó su cultura para obtener estatus. Lo podría haber hecho. En lugar, ella modeló reportajes para muchos otros. Hoy en día, muchas salas de redacción locales cuentan con un reportero defensor de la comunidad al que la gente puede llamar. Rojas creó esa plantilla.

Cuando falleció a los 82 años, los obituarios pintaron bonitos cuadros con citas concisas. Me entristeció ver que no fue incluida en el memorial al aire durante el Desfile Nacional puertorriqueño. Para mujeres como yo que todavía estamos lidiando con el trauma de esos años, ella representa nuestra historia, una que merece ser documentada y escuchada, y estoy aquí para decir por Gloria, por nosotras - ¡presente!

Nuestro mejor homenaje a ella, a las Glorias de ahora y del futuro, es insistir en desmantelar el racismo y el sexismo.

Traducido por Juana Ponce De León.



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En inglés
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