Son niñas, no esposas: Colombia esta a punto de prohibir los matrimonios de adolescentes
Después de una lucha 17 años en el Senado de Colombia para abordar y mitigar el impacto devastador de los matrimonios infantiles y adolescentes, la legislación “Son niñas, no esposas”, que prohíbe rotundamente los matrimonios de adolescentes en el país, sin excepciones fue aprobada. La aprobación de este proyecto de ley el pasado 13 de noviembre permite que Colombia se sume a 11 países latinoamericanos que protegen los derechos de sus menores. Si bien el presidente Gustavo Petro aún no ha firmado el proyecto de ley –la conciliación en la Cámara de Representantes aún está en proceso–, las perspectivas son buenas, dado que la propia presidencia celebró la aprobación del proyecto en su sitio web.
“Hoy, Colombia sale de la vergonzosa lista de países que permiten el matrimonio infantil”, afirmó la congresista Jennifer Pedraza, la diputada más joven de la Cámara de Representantes (Dignidad y Compromiso) quien junto a la congresista Alexandra Vásquez (Pacto Histórico), copatrocinó e impulsó el proyecto legislativo.
En la entrevista con IDARE, la congresista Vásquez atribuyó la aprobación exitosa de la legislación a “un grupo más amplio de mujeres que ingresaron al Congreso, que pusieron en marcha una agenda de género, una agenda enfocada en los niños, niñas y adolescentes de este país. En su mayor parte, creo que su presencia ha permitido que el proyecto salga adelante”.
Los grupos de activistas en Colombia comprometidos con los derechos de las niñas y niños y la igualdad de género, como Son niñas, no esposas, Equality Now y Valientes Colombia, reconocen que el matrimonio o unión infantil, precoz y forzado (CEFMU) es una violación fundamental de los derechos humanos. La aprobación de esta legislación elimina un artículo del código civil colombiano de 1887 que permitía los matrimonios y uniones de menores.
La Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres de Colombia – ONU Mujeres – y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), apoyaron la aprobación del proyecto de ley. El estudio regional de América Latina y el Caribe de 2018 de dicha organización encontró que Colombia ocupa el puesto 20 a nivel mundial en matrimonios infantiles de niñas menores de 15 años, con aproximadamente el 28% de las mujeres en Colombia casadas o unidas antes de los 18 años.
Según girlsnotbrides.org, el 23% de las niñas en Colombia se casan o se unen antes de los 18 años y el 5% antes de los 15 años, mientras que el 7% de los niños se casan antes de los 18 años. Las CEFMU son más comunes en las zonas rurales de Colombia, donde cuatro de cada 10 niñas están casadas o en uniones informales antes de los 18 años. Indican que hay diferencias significativas por grupo étnico o raza, como las niñas afrodescendientes que tienen casi el doble de probabilidades de contraer matrimonio o unión antes de los 15 años. Cerca de un tercio de las niñas y adolescentes indígenas se casan antes de los 18 años, en comparación con una de cada 10 en grupos no indígenas.
“Para familiarizar a los colombianos con este proyecto, realizamos talleres en todo el país con otras organizaciones para instarles a que prioricen la iniciativa en sus agendas”
Danitza Merentes, cofundadora de Valientes Colombia, habló con IDAR/E sobre el movimiento para la legislación – un trabajo que se volvió aún más crítico ya que esta propuesta se debatió nueve veces en el Senado de Colombia. “Para familiarizar a los colombianos con este proyecto, realizamos talleres en todo el país con otras organizaciones para instarles a que prioricen la iniciativa en sus agendas. Se enviaron cartas a los senadores. Nos reunimos varias veces con los autores de la legislación para refinar nuestras estrategias de participación. Y para correr la voz ampliamente, nos pusimos en contacto con la prensa y desarrollamos un sólido alcance en las redes sociales”.
Según dos estudios de la ONU, las niñas que terminan en estas uniones tempranas son vulnerables a la violencia y el abuso sexual, a menudo a manos de parejas años mayores que ellas. Según UNICEF Colombia, el 73% de las niñas de 10 a 14 años en unión libre reportaron estar con hombres mayores de 20 años. La pobreza, informan, también tiene un impacto adverso en las niñas, poniéndolas en mayor riesgo de ser vendidas a cambio de ganado, tierras o dinero, una práctica culturalmente sancionada que no se limita a Colombia.
“Existen barreras en las comunidades empobrecidas”, explica Vásquez, “donde la pobreza hace que [este tipo de intercambio] parezca la única alternativa posible para salir de la pobreza y la miseria. Hay muchas historias de esa práctica aquí en Colombia. Esperamos que con la implementación del código civil que elimina el matrimonio infantil y con la propuesta de proyectos para una vida digna, se erradiquen estas prácticas históricamente arraigadas en nuestro país”.
Las activistas también encontraron resistencia al proyecto cuando se enfrentaron a las prácticas profundamente entrañadas en las comunidades indígenas. En lo que parecía ser una batalla cuesta arriba, algunas mujeres indígenas se presentaron para expresar su apoyo, con el deseo de poner fin a estas prácticas y proteger a las niñas de su comunidad, un avance que las defensoras consideran significativo.
Tanto Pedraza como Vásquez hablan de dos Colombias, la urbana y la rural, y señalan las diferentes realidades que las caracterizan. Lo más destacado es la facilidad, o la ausencia, del acceso a la información, los servicios y la educación.
En una entrevista televisiva con “Nos cogió la noche”, Pedraza deja claro que la legislación que se está redactando no garantiza que se resuelva la práctica de los matrimonios y uniones entre adolescentes. “Soy consciente de que se trata de un problema multicausal”, afirma. Sin embargo, dice que el proyecto de ley está “enviando un mensaje claro de que el código civil de Colombia no sanciona los matrimonios de adolescentes”. Agrega, “más allá de prohibir el matrimonio infantil, la ley busca implementar un programa nacional holístico que apoye el desarrollo personal y ofrezca alternativas para el futuro de niños, niñas y adolescentes”.
Escrito y traducido por Juana Ponce de León.
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