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Cineastas piden a los latinx que se disfracen ... otra vez

West Side Story Broadway album
West Side Story first opened as a musical in 1957. La musical West Side Story se estrenó en 1957.

Imagínese a una chica diminuta, morena y de cabello crespo cantando enérgicamente durante horas “Hay un lugar para nosotros” y “Tengo una enfermedad social” en el segundo piso de una casa amarilla en mal estado en el barrio de Logan Square en Chicago. Cada vez que daban West Side Story en la televisión, mi madre sintonizaba y yo me colgaba de cada palabra. La película no era simplemente otra programación de televisión, era un evento importante porque los latinos figuraban prominentemente. Esto se vio rara vez en las décadas de 1970 y 80. Así que no importaba que yo no fuera puertorriqueña porque disfrutaba que personas que eran mis vecinos, con quienes compartía algo de la misma historia y luchas, estaban en la pantalla.

Yo, hija de inmigrantes cubanos y colombianos, vivía en un barrio puertorriqueño y también polaco. Publicidad para Zimne Piwo se veía en cada esquina. Conocí a los metalheads rubios que a veces se peleaban con mis amigos puertorriqueños y latinos que tal vez, o tal vez no, estuvieran rodando con los Latin Kings. Las tensiones en West Side Story me eran conocidas.

También me atrajó el espíritu independiente de algunos de los personajes femeninos. Me enamoré de la audacia de Anita y me identifiqué con el constante deseo del “tomboy” Anybodys de estar afuera en la calle en jeans raídos.

Siendo una joven latina que buscaba su yo queer, me vi en Anybodys, la cual quería la misma aventura que los hombres y prefería los jeans a las faldas, y con Anita, la cual era fiel a sí misma sin disculpas y parecía tener la facultad de actuar. Al mismo tiempo, me dolió escucharla insultar a su propia gente en la canción “America”.

“Anita también se queja de un Puerto Rico supuestamente superpoblado precisamente cuando un programa de esterilización con raíces eugenésicas era la política allí”

Cuando vi que mi madre tenía una grabación del musical de 1957, tuve la oportunidad de aprender la letra palabra por palabra. Ahora, no solo estaba adolorida, estaba enojada. ¿Chita Rivera — la Anita de Broadway— de verdad estaba cantando despectivamente sobre Puerto Rico? Me estremecí al escuchar: “Isla fea, isla de enfermedades tropicales”. Anita también se queja de un Puerto Rico supuestamente superpoblado precisamente cuando un programa de esterilización con raíces eugenésicas era la política allí. La versión cinematográfica de Anita, interpretada por Rita Moreno en 1961, mandó desaparecer la isla: “Puerto Rico, la devoción de mi corazón. Deja que se hunda de nuevo en el océano”.

Mi ignorante amor por la película se complicó, más aún cuando vi que el musical original de West Side Story fue escrito por hombres blancos, no por puertorriqueños. Mi yo preadolescente sabía que ellos no eran los guardianes de la experiencia latina.

Cuanto más aprendía sobre West Side Story, cuanto más perdía su brillo.

Ya de adulta pude ver todos los problemas con esta producción. De niña, era demasiado joven para detectar que en un musical sobre puertorriqueños, los compositores que no eran puertorriqueños usaban incorrectamente ritmos de mariachi mejicano, flamenco español y mambo cubano. Aunque los músicos a veces fusionan varios géneros musicales con la marca de salsa que es claramente puertorriqueña, los compositores no difuminaron estas líneas deliberadamente: crearon una mezcla esencialista que es fundamentalmente defectuosa en sus suposiciones. Agruparon música de diferentes países de la misma manera que Fox News llamó a Honduras, El Salvador y Guatemala “tres países mejicanos”. Nunca en la película escuchamos la música puertorriqueña —como la plena— que los boricuas estaban creando tanto en Nueva York como en la isla.

Años más tarde, como estudiosa de la literatura latinx, leí el artículo seminal de Frances Negrón-Muntaner “Sintiedome bonita: West Side Story y discursos de identidad puertorriqueña” (“Feeling Pretty: West Side Story and Puerto Rican Identity Discourses”), y aprendí que la intención original era producir una historia sobre la brecha entre los judíos y los católicos. Negrón-Muntaner también elabora una lectura queer de la película; yo extiendo esta interpretación a la relación entre Tony y Riff y el no poder declararse gay entre sí. Así que existen múltiples matices en esta confección con los puertorriqueños de aderezo.

También es conspicuo en West Side Story lo que omite. De niña, yo no tenía la comprensión adecuada para entender por qué los latinx “vienen” a los Estados Unidos. En primer lugar, un buen número de nosotros, a través de nuestros antepasados ​​indígenas, ya estábamos aquí o frecuentemente visitamos estas tierras. En segundo lugar, el resto de nosotros, incluidos los ciudadanos puertorriqueños-estadounidenses, venimos a este país principalmente porque sus políticas hacen imposible vivir en nuestros países de origen, como sostiene el periodista Juan González. No hay mención en West Side Story de los aviones de carga y barcos que llevaron a los migrantes puertorriqueños a laborar en los Estados Unidos en varios trabajos, a consecuencia de que las corporaciones estadounidenses se apoderaron de las tierras de cultivo en la isla, lo que provocó una escasez de empleos. Actualmente, hay una nueva afluencia de puertorriqueños que se han asentado en los Estados Unidos. Esta gran oleada está aquí debido a las políticas federales —como la que se conoce como “PROMESA” — que han cerrado cientos de escuelas públicas y hecho recortes a los servicios públicos en la isla.

En la próxima versión por Steven Spielberg, el director afirma que quiere corregir los errores de la historia original, como los acentos malos. Francamente, el error es que West Side Story fue hecha en primer lugar. Algunos reportes ya están informando que la producción será cancelada en medios de comunicación social, mientras que otros la defienden enfatizando que tiene un elenco diverso.

Pero pedirle a un nuevo grupo de latinos que jueguen a disfrazarse para una historia que no originó de nuestra comunidad no es legitimante. Es tan inútil como para la niña que buscaba su propia historia, pero solo encontró una fachada. Estoy absolutamente devastada por la posibilidad de que esto le vuelva a suceder a otra joven. Todo el mundo debería estarlo.



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