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Americanos en todo sentido de la palabra

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El Día de los Pueblos Indígenas (Día de la Raza), o Columbus Day para otros, marca dos lados eternamente enfrentados: los conquistadores y los pueblos conquistados, los indígenas y los inmigrantes, los pobladores y los desplazados. Para la mayoría de latinos en los Estados Unidos nosotros somos la encarnación viva de esta realidad, aunque alejados de los puntos de encuentro originales en el Caribe, Centroamérica y Sudamérica y ahora viviendo aquí en la llamada Isla Tortuga. El legado de esta realidad impacta principalmente a centenares de naciones indígenas soberanas en el país, además de estar implícito en una política de inmigración que demoniza a quienes cruzan nuestra frontera al sur. Esa frontera, que no existía antes del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos, se le ha impuesto a las comunidades y linajes indígenas que durante siglos han estado presente en toda la región.

Cuando el presidente Trump y sus aliados atacan a los mexicanos, por supuesto no se refieren sólo a los mexicanos. El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) no favorece a nadie porque ellos o sus padres vienen de Perú, Panamá o Paraguay. Colectivamente nos ven a todos como el “otro” que siempre debe ser conquistado y/o acorralado. Incluso los puertorriqueños, que son ciudadanos estadounidenses desde su nacimiento, están enredados en este drama.

Pero no se puede decir que todo latinos dentro de cada nacionalidad individual se ve igualmente afectado. El principal objetivo de la antipatía y el antagonismo en el racismo interpersonal y basado en políticas hacia los inmigrantes, se dirige más intensamente a aquellos que llegan directamente de territorios indígenas (muchos hablan solo su idioma de origen, no español) o que, al menos en apariencia, presentan el fenotipo amerindio de sus antepasados.

Si la noticia de los niños en jaulas no es lo suficientemente horrible, la reciente noticia sobre la esterilización forzada realizada a mujeres inmigrantes mexicanas y centroamericanas en campos de concentración fronterizos es una página del libro de jugadas del genocidio, algo que las mujeres indígenas americanas conocen muy bien. Es inescapable la ironía que aquellos cuyos antepasados ​​vienen de pueblos indígenas y llevan más tiempo viviendo en estas tierras son los más atacados por los descendientes de europeos cuyos antepasados llegaron más recientemente aquí.

En cifras sin precedentes, algunos hispanos (el término favorito del gobierno estadounidense para nosotros) han comenzado a indicar su raza en el censo de EE. UU. como "nativo americano", un fenómeno al cual el movimiento chicano de la década de 1960 ciertamente encendió la chispa. Esta afirmación de la identidad indígena es parte de una trayectoria tal vez solo posible en los Estados Unidos dada la herencia no europea, ya que en la misma América Latina tantos crecen enseñados a avergonzarse de ella e incluso a negarla. Este reclamo por el orgullo de la verdadera herencia indígena llega muy oportunamente en 2020, para conectarnos como inmigrantes con nuestros parientes históricos estadounidenses y volvernos verdaderos aliados, de la misma manera que la diáspora africana en este país se une al movimiento Black Lives Matter.

“Aunque la plataforma Biden-Harris incluye varios puntos al respecto, podemos instarles a centrarse especialmente en hacer respetar los tratados de los Estados Unidos”
Cristina Verán

Una forma inmediata de demostrar esta solidaridad es en las urnas del mes que viene. Julián Castro lideró a otros candidatos demócratas con su plan de acción en temas nativos americanos. Y aunque la plataforma Biden-Harris incluye varios puntos al respecto, podemos instarles a centrarse especialmente en hacer respetar los tratados de los Estados Unidos, así como en la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, que fue elaborada por un esfuerzo de colaboración, que incluyó voces indígenas fundamentales en las Américas.

YouTube se encuentra lleno de videos de muchos jóvenes latinos estadounidenses haciendo pruebas de ADN reveladoras para miembros de la familia que insisten en que sus raíces son plenamente españolas. El momento del ajuste de cuentas llega cuando el protagonista adolescente descubre que su linaje genético es de hecho 25%, 48%, o tal vez hasta 75-80% amerindio.

De ninguna manera se debe considerar que estos resultados confieren la ciudadanía o pertenencia a una nación indígena. Pero sí son importantes porque recalcan la base histórica de dónde venimos nosotros, nuestros padres y nuestros abuelos, y permite vincularnos de una manera más significativa a los pueblos de esta tierra en la que vivimos hoy, con gente cuyos antepasados, incluyendo muchos de los nuestros, que ya estaban en las Américas mucho antes de Colón.

Cristina Verán es asesora, investigadora, curadora, educadora y creadora de medios internacionales especializada en temas de los pueblos indígenas. Es corresponsal de las Naciones Unidas desde hace mucho tiempo y fue miembro fundador de la Red de Medios Indígenas de las Naciones Unidas. Ella es originaria de Perú.

Traducido por Juana Ponce de León



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En inglés
This article in English: Americans—In Every Sense of the Word
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