Inmigración no solo es mi tema - es mi historia
Como periodista, a veces olvido cómo funciona el trauma secundario, de cómo se manifiesta en nuestro trabajo y toma forma en nuestras vidas. El trauma se mete en el cerebro y deshace cualquier apariencia de calma.
Me acordé de esto recientemente cuando comencé a ver informes sobre Immigration Nation, la serie documental de Netflix que le dio a los cineastas un acceso sin precedentes a Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la agencia federal que supervisa la aplicación de la ley de inmigración.
A los pocos minutos de ver el primer episodio, estaba llorando inconsolablemente, golpeando mi pie repetidamente sobre el piso, sintiendo que mi presión arterial aumentaba, me sentí emocionalmente agotada. Esa serie es otro ejemplo del "reportaje" voyeurista que vende el trauma y el dolor de los migrantes para conmover a los estadounidenses blancos. Lo que hace esta clase del reportaje tan enfurecedor es que no tiene impacto. Los videntes lo consumen y siguen con sus vidas, y los migrantes se quedan gritando al vacío sobre la brutalidad de nuestro sistema de inmigración.
Mi respuesta al ver Immigration Nation se debe probablemente a un trauma secundario, también conocido como "trauma indirecto", el residuo emocional de estar expuesta frecuentemente al trauma. Tanya Erazo, una psicóloga en San Francisco, me dijo que incluso cuando alguien no experimenta directamente un trauma psicológico, dar testimonio de ello a través del vívido relato de otra persona puede provocar síntomas similares al síndrome de estrés postraumático. "Tiene mucho sentido", Erazo dijo, que los periodistas de color puedan padecer un trauma indirecto como resultado de informar sobre las comunidades a las que pertenecen, pero se apresuró a aclarar que los síntomas asociados con el trauma secundario van más allá de lo típico.
“Existe una diferencia entre una respuesta típica y transitoria al dar testimonio de estas historias reportando sobre ellas versus tener trauma secundario. Una respuesta común al escuchar estas historias es sentirse abatido, enojado, ansioso, entumecido o desesperanzado. Es normal tener estos sentimientos”, dijo Erazo, y señaló que si estos sentimientos no son pasajeros y comienzan a interferir con la vida, la causa puede ser el trauma secundario y los periodistas deben buscar ayuda.
Según un estudio de 2019 realizado por la profesora de periodismo Natalee Seely, el trauma de los periodistas aumenta junto con la frecuencia e intensidad de la cobertura, igual que la gravedad de sus síntomas asociados con el trastorno de estrés postraumático. Más de 250 periodistas que participaron en el estudio dijeron que experimentaron un agotamiento emocional, recuerdos dolorosos, ansiedad, depresión y un sentido de culpa, y que a menudo recurrieron al alcohol como mecanismo de supervivencia.
Nada de esto me sorprende. Después de todo, he pasado más de una década contando historias traumáticas y presenciando el dolor, el terror y el miedo que padecen las comunidades de inmigrantes. He reportado sobre inmigración toda mi vida adulta pero la inmigración no es solo mi tema, es mi historia personal.
Como hija de un migrante mexicano que ingresó a Estados Unidos sin autorización, soy producto directo de la migración. Miembros de mi familia siguen siendo indocumentados, así que cuando estoy informando profesionalmente sobre la última política de inmigración inhumana, también estoy ejerciendo mi papel como defensora de la familia.
Aunque organizaciones como el Centro Dart de Periodismo y Trauma de la Escuela de Periodismo de Columbia que ofrecen recursos en línea gratuitos, gran parte de la información disponible sobre el trauma dentro el periodismo está dirigida a corresponsales de guerra. Todavía no he encontrado estudios o recursos que aborden específicamente las necesidades de periodistas como yo que se encuentran en medio de otro tipo de batalla aqui en los Estados Unidos.
Como mujer morena en los Estados Unidos de Trump y siendo periodista que reporta sobre inmigración y la violencia de género, hay días en que me encuentro sumida en el trauma y que me siento envuelta en un círculo de violencia. Estas no son cosas apropiadas para comentar dentro la industria del periodismo, y estoy increíblemente incómoda al hacerlo. Por supuesto, lo que experimento como periodista no alcanza nunca al nivel de estrés dentro las comunidades sobre las que reporto. Pero como parte de mi trabajo de periodista que lucha por la justicia social, quiero exponer la vulnerabilidad extrema que forma parte de hacer este trabajo.
En días largos y agotadores, mi mente regresa a un recuerdo de la infancia de mi papá encorvado en su uniforme de conserje en nuestra cocina estrecha y desgastada. Trabajaba en varios empleos y su tiempo en casa era suficiente solo para cambiarse de ropa. Siempre estaba cansado y nervioso. Ese día iba retrazado para su segundo trabajo cuando accidentalmente dejó caer al piso su taza de café. Estaba de rodillas recogiendo los fragmentos cuando me miró, y con la voz quebrada, dijo: "No soy una máquina. Todos me tratan como si fuera una máquina".
Mi papá nunca tuvo el privilegio de no ser tratado como una máquina y yo no quiero cometer el error de actuar como tal. Este trabajo es duro y doloroso, y quiero que comencemos a hablar de ello.
Tina Vásquez es reportera senior del medio Prism, donde cubre justicia de género, derechos de los trabajadores e inmigración. Ella es del sureste de Los Ángeles y actualmente vive en Carolina del Norte. Síguela en Twitter @TheTinaVasquez
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